Opinión

Bienvenida a tu familia

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Hoy es un día especial en el blog Mama de dos y podréis leer la experiencia de una amiga mía que un día se planteó con su marido efectuar un acogimiento y acabó en una adopción por lo que se convirtió en Mama de tres.
Así fue todo……..y gracias por tu colaboración!!!

Nuestra entrada en el mundo del acogimiento familiar fue en el año 1993. 

Queríamos educar y formar personas ofreciendo nuestro hogar a niños que por diversas circunstancias estuvieran en situación de riesgo social. 

Teníamos claro que no queríamos adoptar porque pensábamos que para esos niños ya había muchas familias dispuestas a darles esa oportunidad. Preferíamos niños más mayores y con menos posibilidades de encontrar un hogar, pero el caos que había en aquel momento en el Departament de Benestar i Família nos hizo desistir. 

Durante los siguientes años formamos nuestra familia con dos hijos biológicos. Muchos familiares pensaron que el tema del acogimiento había quedado atrás pero no era así y en 2002 nos pusimos de nuevo en contacto con la DGAIA (Direcció General d’Atenció a la Infància i la Adolescencia) y nos derivaron a la ICIF (Institucions Col·laboradores d’Integració Familiar) Cruz Roja donde encontramos la información necesaria. Hicimos varias entrevistas personales, visitaron nuestra casa y asistimos a un curso de formación de dos días, después de todo ello nos dieron el certificado de idoneidad. 

En pocos meses recibimos una llamada donde apenas nos daban dos datos : se trataba de una niña y que tenía 10 días. El hecho que fuese recién nacida nos descolocó un poco, no era lo que habíamos hablado en las diversas entrevistas, el periodo que iba a estar en casa sería de unos pocos meses tras los cuales retornaría con sus padres biológicos o se tomaría otra medida de protección. Nos dieron algunos días para pensarlo y después de valorar todos los frentes decidimos que sería un buen comienzo para tener experiencia como padres acogedores y estar mejor preparados para los futuros niños que nos pudieran necesitar.


El acogimiento se formalizó como “simple de corta duración” y se acordaron visitas con sus padres cada 15 días. Conocimos a nuestra hija a mediados de abril en el centro, solo mi marido y yo. Recuerdo mi primera impresión al ver aquella personita tan alarmantemente pequeña que no llegaba a los dos kilos, le cambiamos el pañal, tenía unas piernas tan delgadas, le intentamos dar un biberón pero fue inútil, estaba dormida era el bebé más pequeño que tenía entre mis manos. Dos días más tarde fuimos a recogerla definitivamente para llevarla a casa. 

Fuimos toda la familia y al salir con ella en brazos del centro de acogida sentí exactamente lo mismo que cuando salí con cada uno de mis dos hijos del hospital: un hormigueo en el estómago. Esa era la primera de las muchas lecciones que me ha enseñado nuestra experiencia: Lo que te une a un hijo es la responsabilidad de tener su desarrollo y formación como persona en tus manos, no importa la procedencia ni el tiempo.

Ya en casa toda la familia la acogió como a un primo, nieto o sobrino más, desde el primer día fue un miembro más de la extensa familia que tenemos por ambas partes. La situación la explicamos con mucha naturalidad a todos, se trataba de cuidar a esta niña durante unos meses mientras sus padres se recuperaban de su situación. Nuestros hijos nos ayudaban a cuidarla, la mimaban de una forma sorprendente.

 Al principio nos costaba el tema de la temporalidad, no sabíamos cuánto tiempo más iba a estar con nosotros y con el verano a las puertas deseábamos que lo pasara a nuestro lado y así fue. Las llamadas de seguimiento con Cruz Roja indicaban cada vez más que la situación de su familia biológica no era la adecuada para el retorno, pero en cualquier caso la niña se iría a otra familia en breve.

Pasados ocho meses, a principios de Navidad nos notificaron que las visitas con sus padres se suspenderían y nos citaron a una reunión en la que nos explicaron que el retorno parecía inviable y habían decidido pasar a la medida de acogimiento pre-adoptivo. Nuestra sorpresa fue que la propuesta de adopción nos la hicieron a nosotros y, en caso de no aceptar ya buscarían otra familia. No dudamos, firmamos allí mismo, fue la decisión más fácil que hemos tomado nunca, adoptar es comprometerse de por vida con una vida y eso ya lo habíamos hecho el primer día. 

Aun así el sentimiento era contradictorio, por un lado de una enorme pena porque ella no volvía con sus padres pero por otra de enorme alegría ya que iba a estar con nosotros.

Acabó un periodo y empezó otro diferente en el sentido logístico porque ya no había visitas con la familia biológica y en el sentido burocrático por la cantidad de papeleo que tuvimos que hacer (paso por juzgados, registro civil, sanidad, certif. de Bautismo, etc..). 

La vida familiar seguía igual, nuestra hija empezó la guardería, después el colegio donde pedimos que pusieran a nuestra hija nuestros apellidos en todas las listas y notificaciones internas de ambos centros ya que el preadoptivo es una medida en la cual los niños siguen con su apellidos de origen hasta que la adopción es plena y ya se puede pasar a cambiar todos los papeles oficiales, como cert. de nacimiento, inscribirla en el libro de familia, tarjeta de la seguridad Social, etc… . 

Fue un tiempo de mucho ajetreo burocrático y calma total en nuestro núcleo familiar, incluso con esa rapidez, el periodo preadoptivo duró cinco años. Con la adopción plena es ya oficialmente hija nuestra con los mismos derechos y obligaciones ante la ley que nuestros dos hijos. Desde que entró en nuestra casa hasta hoy ha ido cambiando la relación legal de nuestra hija con nosotros, lo único que no ha cambiado nunca es nuestro vínculo afectivo.

Atrás quedó el planteamiento de vida que nos habíamos hecho, aceptamos los cambios que se fueron produciendo y que nos han llevado al día de hoy. Tenemos tres hijos fantásticos de los que aprendemos mucho y nos ponen a prueba cada día. Nuestra es la responsabilidad de formarlos como personas y eso es de las cosas más bonitas que tenemos la oportunidad de hacer en la vida. 

Los tres tienen el vínculo fundamental de ser hijo nuestro pero somos conscientes que la procedencia marcará un proceso educativo diferente en nuestra hija.

 Ella tendrá que resolver preguntas que nuestros otros dos hijos no se plantearán, y allí nos tendrá siempre para dar respuesta en lo que podamos o acompañarle en la búsqueda.

Libros que me gustaría recomendar:
Más fuerte que el odio (Tim Guérard)
Indómito y entrañable (José Ángel Gimenez Alvira)
Bastardos (Enrique Vila)
Adopción y escuela (Beatriz San Román)
La orilla del mar (Véronique Olmi)
Institucions Col·laboradores d’Integració Familiar (ICIF)
Fundació Concepció Juvanteny
C/ Narcís Monturiol, 169-175, Baixos
08902 Hospitalet de Llobregat
Tel. 93 218 68 64
Fax: 93 263 50 21
c/e info@fundacio-c-juvanteny.org
Coordinadores: Maria Antònia Hernández
Creu Roja
C/ Joan d’Àustria, 126 4rta planta
08018 Barcelona
Tel. 93 489 00 43
c/e acolliments@creuroja.org
Coordinador: Jordi Ripoll
Drecera
C/ Montnegre 2, escala B, 1er 1ª ( Cantonada Nicaragua )
08029, Barcelona
Tel. 93 244 88 70
Fax 93 244 88 71
c/e saf@drecera.org
Coordinador: Francesc Frigola

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